Memorias Italianas.

El abuelo Eugenio Rossi (Rosso)


El 27 de enero fue el aniversario de natalicio de mi abuelo Eugenio Rossi (Rosso), nació en 1881, aproximadamente, en Friuli Venezia Gliulia y si no recuerdo mal, en un lugar llamado Pordenone.

Era costumbre familiar el reunirnos en su rancho y a pesar de su personalidad cerrada, a él le gustaba festejar su cumpleaños y esta costumbre se prolongó hasta que falleció un 3 de agosto de 1966, antes de que yo cumpliera 18 años.

En estas reuniones se veían las típicas mesas alargadas con sus bancos y mi abuelo como capo de la familia se sentaba en la cabecera. Recuerdo a todas las hijas de mi tío Tito, las de la tía Adela, de la tía Felisa y de todos los primos mi hermana Ana María y yo éramos los más chiquitos y blanco de todas las bromas.

A principio de 1950 era poca la vegetación que había en la casa del abuelo y luego el tío Roberto rodeó el rancho de plantaciones y entre ellas había hermosos rosales. Por lo general el campo se mostraba sumamente seco, el maíz sufriente por la falta de agua pero se destacaban los sembrados de girasoles que estaban cubierto de flores amarillas que daban una belleza admirable. El abuelo prefería los girasoles gigantes, de 1 metro 80 o 2 y si hay alguien memorioso, el maíz relámpago de mazorcas alargadas y granos sumamente adheridos al marlo y se sentaba en un cajón de manzana para desgranarlos armoniosamente para moler los granos en una rudimentaria moledora y alimentaba a sus pollitos.

También estaban sus adorados gatos que huían de las mujeres de la familia pero se acercaban a los varones, ya que habían crecido solo con el abuelo y dos de mis tíos y no estaban acostumbrados a la presencia femenina, estos gatitos eran Chuluto y Tití y ya he contado su historia en mi otra página www.coloniabroggi.com que es de gatos bengalíes pero habla de todo como también conté la historia de la controversia Rossi vs. Fanesi, gatos vs. Perros.

Otra costumbre de Eugenio era de hacernos formar una fila a todos sus nietos y saludar a los gatitos dándoles un besito en el hocico a cada uno, y ese amor por los gatos lo heredé de él como el amor por los perros lo heredé de la abuela Julia.

Al abuelo le gustaba visitar a sus hijas, iba caminando hasta lo de la tía Adela y a nuestra casa y a su regreso llamaba a Chuluto y Tití los que venían a recibirlo al camino.

En la parte culinaria al abuelo le gustaba la sopa minestra, la polenta natural o con tuco y de postre la polenta con leche.

Fumaba su pipa y masticaba el tabaco “América” y aunque yo no lo vi nunca alcoholizado, me dijeron que en su juventud tomaba en exceso grapa italiana.

Era un baquiano en carneadas y facturas de cerdo, con su paciencia afilaba los cuchillos para despostar y era fanático de cocinar sesos fritos revueltos con huevo, recuerdo que en ese entonces era un manjar para mí pero lamentablemente en la actualidad estoy muy lejos de comer sesos otra vez.

El abuelo Eugenio era muy cariñoso y nunca olvidaré el estar sentado en su falda.


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