Memorias Italianas.

Las lecciones de italiano de Massimo Raciti y su historia de emigración


Visitando la Biblioteca Nacional de Bs As y las estatuas del General Perón y de Evita que estan en el jardín

Massimo Raciti es un export-manager italiano de 35 años, con experiencias en el mundo del espectáculo y del periodismo. Hoy en día, además de su trabajo, que lo lleva a viajar para presentar cerámica de design italiano en showroom de todo el mundo, Massimo también se dedica a su canal de YouTube (www.youtube.com/massimoraciti - www.massimoraciti.com – www.facebook.com/massimoracitiofficial) donde enseña italiano, explicando las reglas gramaticales en 8 lenguas que conoce. Un proyecto que comenzó como un hobby, con el deseo de ayudar a los que quieren aprender de forma gratuita la lengua y la cultura de Italia, y que, aunque en un principio, ya está alcanzando más y más contactos en todo el mundo. Tras de su proyecto, Massimo compartió con la redacción de www.italianosenelmundo.com también una historia de emigración que pertenece a su familia.

"Fusignano al comienzo del '900"

"Vivo en Fusignano, un pueblo tranquilo en el campo cerca de Ravenna, en Romagna, una de la región nordestinas de Italia; la misma región donde nacieron Dante Alighieri, Federico Fellini, Laura Pausini, la región de los mejores clubes de playa, discotecas, entretenimiento y pasta rellena de Italia. A principios del '900, sin embargo, la vida era muy diferente. A excepción de los pocos señores locales, las condiciones económicas eran muy difíciles y la mayoría de la gente trabajaba duro en el campo por muy poco dinero, que tenía que ser suficiente para mantener familias numerosas. Este fue el escenario en el que también vivían Vincenzo Argnani con su mujer Luisa y sus cuatro hijos, la familia de mis antepasados ​​maternos que, debido a sus precarias condiciones económicas, decidieron aprovechar la oportunidad de la emigración para resolver sus problemas. La idea era ganar suficiente dinero para mantener la familia y luego regresar a Italia. Decidieron traer el hijo mayor, que con sus 8 años ya estaba en edad de trabajar, y el más pequeño, que aún era amamantado y, por lo tanto, no podía ser separado de la madre.

No me atrevo a imaginar los sentimientos de Vincenzo y Luisa cuando, además de su tierra, tuvieron que parir dejando los otros dos hijos a los tíos, sin saber cuándo iban a verlos de nuevo. Lo cierto es que esta pareja no había visto muchos lugares fuera de su pueblo hasta ese momento. No había televisión o Internet que permitieran ver fotografías de otros lugares tan lejanos. Fue un paso hacia lo desconocido con el fin de sobrevivir, donde tal vez el único estímulo era el hecho mismo de que no tenían nada que perder. Al llegar al puerto de Génova, los emigrantes se dividieron en grupos; Vincenzo y Luisa abordaron un barco con destino a Sao Paulo, Brasil; imagino sus pensamientos, sus miedos, sus esperanzas y sus sentimientos durante ese largo viaje a través del Océano Atlántico y la emoción de llegar al puerto de Santos, encontrándose catapultados a otro mundo, donde la gente hablaba un idioma desconocido, donde la vegetación, el paisaje y el clima eran muy diferentes de aquellos a los que estaban acostumbrados. Empezaron a trabajar duro en las plantaciones a las que estaban destinados; en los primeros dos o tres años, las cosas fueron muy bien; de hecho, alcanzaron el objetivo de ganar lo suficiente para vivir bien y, finalmente, volver a Italia como estaba previsto. Mientras tanto, otros hijos también nacieron y pronto todos los componentes de la familia Argnani se volverían a abrazar en Italia. Justo cuando todo estaba listo para el viaje de regreso, el destino tiró un golpe muy malo; una noche, Vincenzo y Luisa, fueron robados en los apartamentos que compartían con otras familias, probablemente por otros inmigrantes italianos que vivían allí; todos los ahorros para volver a Italia se perdieron para siempre, al igual que la felicidad y la esperanza de volver a casa por fin. No había otro remedio que trabajar aún más que antes, para ganar de nuevo el dinero, y empezar de cero. Desafortunadamente sabemos que cuando algo empieza a ir mal, a veces incluso todo lo demás va hasta peor. En esos meses, una grave crisis del sector agrícola les obligó a emigrar de nuevo en busca de trabajo hacia el Sur, aún más lejos de Italia, y más precisamente en Argentina, en las campañas de Buenos Aires. Contrariamente a lo que sería una historia con un final feliz, Vincenzo y Luisa nunca volvieron a Italia y terminaron sus vidas en Chivilcoy. El único contacto con la parte de la familia que se quedó en Italia eran las cartas, escritas con dificultad ya que la necesidad de trabajar desde la infancia no había dejado mucho tiempo a la escuela. Ese contacto, con el tiempo se transmitió de generación en generación, siguiendo los cambios tecnológicos y convirtiendo las cartas en llamadas telefónicas, hasta llegar a los actuales email y mensajes en las redes sociales, llevados a cabo por los descendientes de aquella parte de la familia que hace más de cien años cruzó el Océano y los descendientes (como yo) de los dos hermanos que permanecieron en Italia.

"La vieja casa de Vincenzo y Luisa Argnani"

Desde cuando era pequeño esta historia siempre me fascinó; parecía que la trama de una película o una novela. Aún más emocionante era saber que se trataba de eventos reales y que pertenecían a la historia de mi familia. Además, en el pasado, trabajando en la música y el espectáculo, tuve varios contactos en América del Sur y eso me había dado la ocasión de apreciar la cultura y el carácter de la población latina, siempre muy atenta y amable hacia mí, hasta hacerme sentir como en mi casa. Así en 2014 decidí ir a ver los lugares del viaje de Vincenzo y Luisa, como en una peregrinación dedicada a ellos, para ver los lugares donde habían vivido. Vi San Pablo y unos meses más tarde organicé también otro viaje a Buenos Aires para conocer otros descendientes. Algunos de ellos ya los conocía, porque habían estado en Italia, otros los encontré por primera vez en Chivilcoy. Tuve la suerte de conocer a Nene, la viuda de uno de los nietos Vincenzo y Luisa, una maravillosa señora de noventa años, con la misma energía de una veinteañera, ella también de descendencia italiana. Desde el primer momento me hizo sentir como si yo también fuera uno de sus nietos y como si nos conociéramos desde siempre. Durante mi estancia en Chivilcoy, fui al cementerio para encontrar las tumbas de Vincenzo y Luisa. Me emocioné mucho: después de haber oído hablar tanto de ellos, era tan extraño pensar que una parte de mi ADN estaba ahí y que habían hecho el mismo largo viaje que yo también hice después de en un siglo. Ellos nunca me conocieron y quizás nunca se imaginarían que un descendiente de sus hijos después de conocer su historia les llevaría flores a sus tumbas. A pesar de eso, sin embargo, sentía que la relación estaba todavía presente de alguna manera. En Chivilcoy traté de completar lo más posible el árbol genealógico, con la ayuda de los Argnani argentinos y tomé muchas fotos. Una hermosa experiencia!

Al volver a casa, mientras que la hostess me servía una copa, pensé en cómo mis antepasados habían querido aquel viaje de regreso que jamás hicieron y en cuánto fue fácil para mí dejar mi maleta en el aeropuerto, sentarme cómodamente y cruzar el Océano en pocas horas. Yo no había tenido que trabajar en los campos durante meses y meses, para comprar ese boleto y una vez llegado a Brasil o Argentina, pude saludar a mis padres todas las noches hablando y viéndolos en Skype, para decirles cómo me había ido el día y contarles lo que había visto. Desafortunadamente, no hay nada que pueda hacer hoy para regalar el camino de vuelta a mis antepasados, pero puedo mantener vivo el recuerdo de ellos y el vínculo de amistad y cariño que tengo con mi parte de la familia en Argentina.

Creo que esta historia marcó también mi pensamiento hacia los inmigrantes de hoy en día. Muchas personas me acusan de no considerar los lados negativos de la inmigración en Italia. La verdad es que sé muy bien que entre los muchos inmigrantes se esconden delincuentes y personas que no aportan nada bueno, pero también sé que la mayoría de los inmigrantes son personas buenas y muchos de éstos sin embargo se encuentran en condiciones no muy diferentes de las de Vincenzo y Luisa. Personas dispuestas a sacrificarse en silencio, trabajando para alcanzar un presente y un futuro mejor por sus hijos, suportando humillaciones y de ser pre-juzgadas y consideradas como un problema a ser devuelto al remitente.

Puerto Madero (Buenos Aires)

Poco le importa al juez de conocer la historia que estas personas traen consigo. Siento que, como los italianos emigraron en muchos países del mundo (y aun emigran, incluso hoy en día), también los otros pueblos tienen el mismo derecho de sentirse bienvenidos, si demuestran buena voluntad. Sé que ahora más que nunca, no es fácil distinguir los que tienen buenas intenciones de los que tienen malas intenciones, pero es nuestro deber hacerlo y recordar que no fue nuestro mérito ni nuestra culpa nacer en un lugar u otro del planeta.


Recent Posts
Archive
Seguinos en:
  • Facebook Basic Square