Memorias Italianas.

Navidad en Saladillo

En Noche Buena y Navidad de este año tenía como propósito el reencontrarme con historias de mi vida y mi familia. El festejo de la navidad, durante los primeros años de mi vida se realizaba indefectiblemente en la casa de la abuela Julia. En la actualidad allí vive mi primo Miguel con su señora Chochi. Por la lluvia, el camino y las cuestiones climáticas no se pudo concretar la reunión familiar allí asique fuimos a lo de Gabriel hijo de Miguel donde comenzaron las charlas nostálgicas con Miguel quien es una persona a la que admiro por su generosidad, bondad y fundamentalmente su sentido de la familiaridad. Recordamos la preparación de los panetones de la abuela Julia, algo que se repetía todos los años hasta los últimos de su vida; la mesa larga con sus bancos tradicionales y algo típico que nunca olvidé, los perros galgo debajo de la mesa a los cuales nadie osaba echar de ahí porque eran los protegidos de la abuela. Miguel recordó que en los momentos de hilado la abuela cantaba típicas canciones marquellanas y también siempre llamaba la atención su cocoliche.

En el día de ayer se encontraban nietos, bisnietos y tataranietos y Lalo recordó que jugaba con la abuela a la Brisca, un juego de naipes también recordó que ella llego a tejerles gorros y pulóveres a sus bisnietos como mi sobrino Martín.

En las imágenes van a ver el apellido Fanesi, en el frente del negocio de Gabriel, con doble "s" lo que no significa que no seamos familia, sino que es una impronta que trasunta en el error de inscripción de nacimiento de mi tío Agustín, papá de Miguel.

Entre otras anécdotas, recuerdo que en una de las navidades, íbamos para casa de la abuela y mi mama dejo atado a los perros, se llamaban Pichica y Estarnari y cuando regresamos encontramos un hecho muy triste, ya que Pichica había muerto insolado; yo tendría 2 o 3 añitos pero fue algo muy difícil de olvidar, el llanto de mi mamá y la contención de mi papá. En la conversación con Miguel me dijo que esos perros los había llevado a casa mi papa cuando la estaba edificando, además mi dijo que mi papa adiestraba a los perros para arriar a los caballos hasta el corral y, me dijo que el admiraba a su tío Vasco, que sin serlo, le decían así por su terquedad la que alguna manera heredé.

Volviendo a la abuela Julia, quien tenía una ferviente fe, recordé las famosas Misas de Gallo, y en Saladillo para esta navidad se sintió el llamado a misa a las 11:30hs del 24 mientras cenábamos en casa de mi hermana. Sentí el impulso de levantarme para ir pero mi señora Ester me frenó, fue como que el mandato de la abuela fue supremo jaja porque ella nunca faltó a una Misa de Gallo siguiendo la tradición de su Osimo Natal.


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